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Encuesta
| La batalla por la verdad |
| Jueves 09 de Septiembre de 2010 03:37 - 2195 Lecturas. |
![]() La segunda parte del informe de Hans Schulz sobre los encuentros realizados por el Centro Regjional Universitario Bariloche de la Universidad Nacional del Comahue en relación con los sucesos de junio. Las reflexiones y aportes de María Beatriz Gentile, profesora y doctora en Historia. "La batalla por la verdad"
Una contribución del Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) a la discusión general II Parte Por Hans Schulz
Viernes 27 de Agosto. Bariloche/Sala de la CEB. Exposición de la Doctora Maria Beatriz Gentile (1), segunda conferencias de la tarde ¿Qué es seguridad para un ciudadano?
“Creo que las palabras de Inés Izaguirre sirven como introducción, a pesar de que no lo pensamos así desde la organización. Lo que ella planteó nos pone en situación de un contexto de la Argentina y de América Latina, en donde todo este proceso complejo de las ciudades y de la situación de desborde que ha comenzado a plantearse y a profundizarse desde las dictaduras militares en la región, y sobre todo por las políticas neoliberales de los noventa, colocó en la agenda política y pública de problemas de los gobiernos latinoamericanos la cuestión de la seguridad, o mejor dicho, la cuestión de la inseguridad como uno de los temas más problemáticos que debe enfrentar la sociedad. Hay una situación de inconformidad, de permanente demanda, de impunidad, de desvalimiento de parte de la sociedad frente a situaciones que se presentan en la escena, en que en principio, pareciera que está construida una narrativa y una imagen de que no tienen solución. Incluso Zygmunt Bauman (2) ya ha planteado claramente que la pena de muerte se ha vuelto cada vez más el billete ganador de un aspirante político en vastas regiones de América Latina. Esa cuestión nos lleva a reflexionar sobre una serie de temas que tienen que ver con la pregunta de cuanto de toda esta sensación es realmente así, es decir cuanto hay de realidad en todo esto, cuando hay un discurso construido, cuando hay un discurso el cual nosotros como sujetos sociales, políticos e históricos tenemos una dimensión concreta de esta situación. Hace poco a Eugenio Zaffaroni (3) le preguntaron: ¿Qué es la seguridad para un ciudadano? Y el contestó: “hay una criminología académica, hay una criminología mediática y hay una realidad que son los muertos. La seguridad sería entonces tratar de que cada muerto llegue a su debido tiempo y no antes. No cabe duda de que es una respuesta muy dura, pero creo que es lo suficientemente clara con lo que está diciendo. ¿Como pensar nosotros el tema de la criminalidad? La criminalidad académica ha dicho cosas importantes, pero también ha dicho y hecho barbaridades, basta con recordar a Lombroso (4) por ejemplo. Hay una criminalidad construida académicamente sobre una argumentación desde el positivismo en adelante que se basa en la estigmatización del sujeto por etnia, por género, por edad, por aspecto que vincula claramente esta situación. Hay mucho que decir todavía sobre que dijo y que hizo la criminalidad académica.” Criminalidad mediática
“Después hay otra que es la que más me esta preocupando, porque creo que los hechos de Bariloche están encadenados lamentablemente con un contexto de la Argentina, y eso es un problema que tenemos como sociedad y se trata de la criminalidad mediática. La criminalidad mediática es preocupante, porque no sólo construye opinión y posición de los sujetos sociales, sino porque por rebote termina promoviendo políticas públicas o respuestas que los gobernantes se ven acuciados y obligados a dar. Esta criminalidad mediática, en el caso de la Argentina por ejemplo, nos ha puesto a pensar que Argentina tiene un nivel de tasa de homicidios altísima, y esto no es así. El país con la tasa de homicidios más alta de América Latina es Colombia y es de 72 por cada 1000 habitantes. Le sigue Brasil. Ahora Brasil esta siendo equiparado a Méjico en los últimos años por la situación que se esta viviendo allí. Estamos hablando de tasas entre 24 por 1000 o de 20 por 1000 o 12 por 1000 en Perú, y Argentina tiene mucho menos que 5 por 1000. Según los últimos datos del Ministerio de Salud, en los últimos 11 años en Argentina murieron 9 personas por día por hecho de armas y 1 de cada 4 muertes es consecuencia de hechos delictivos. Se tiene en cuenta que el 38 % de los homicidios son consecuencia de delitos, el resto son consecuencia de otro hecho de conflictos y esto es un tema importante. ¿Porque los femicidios, es decir la violencia contra la mujer por ejemplo, no aparecen como un hecho de seguridad? “Crimen pasional” lo titulan los diarios. ¿Por qué no están estos hechos dentro de los temas de seguridad? ¿Por qué cuando hay un accidente automovilístico con una chofer alcoholizado no es un problema de seguridad? Lo que nos están diciendo las estadísticas es que la mayor parte de nuestras situaciones de muerte violenta en la Argentina no son productos de hechos estrictamente delictivos. Ésta es la primera cuestión que ha nosotros nos debe llamar la atención. En esta criminología mediática tenemos un problema, porque lo que esta criminología está buscando permanentemente es, creo yo, una actitud extorsiva frente a la sociedad y frente a las políticas que se plantean. Nos esta obligando a decir: más seguridad, menos garantías; más seguridad, menos estado de derecho. Y esto quiere decir que si yo doy una concesión y apruebo una ley en el parlamento mañana me van a pedir más y entonces profundizo la ley hasta llegar a la pena de muerte y podemos llegar a los tormentos, podemos llegar a encarcelar a los chicos de 6 años, es decir, que vamos a avanzar, no con una respuesta analítica y trabajando sobre los problemas reales que tiene la Argentina, sino como consecuencia de la extorsion. Los problemas de pobreza, desigualdad, equidad no son sólo un índice económico, sino también un índice de cómo se construye la idea de la pobreza. Y en esto tiene también mucho que ver el hecho de la criminalidad mediática, porque acá se tiene que construir un “ellos”, un “otro” que es amenazante y que es el responsable de esta inseguridad, y en esto no cabe duda la vinculación con los medios gráficos, radiales y audiovisuales, que incluso ha construido una narrativa social que vincula la pobreza con la delincuencia. No es nueva. El indio es el malhechor, el gaucho es el vago y el mal entretenido, es algo histórico en nuestra Constitución como sociedad y como Nación la identificación de un “otro” y de un “ellos” y donde asociado a la pobreza, asociado a la etnia, asociado al género y asociado a la edad tenemos un prototipo que en la Argentina son nuestros jóvenes, pobres, de color de piel más oscuro que el pretendidamente europeo, así como en EEUU son los negros. Las cárceles de EEUU tienen una población mayoritariamente negra. De cada 3 internos uno es negro. En Argentina es el joven, que viene precisamente de sectores que están fuera del circuito central. En este punto es que creo que hay un tema que hay que revisar y es la de esta construcción.” La matriz autoritaria
“Y es aquí en donde también tenemos que preguntarnos: ¿Qué pasa con las fuerzas de seguridad? ¿Qué pasa con la justicia? ¿Qué pasa con nuestros sistemas de control? ¿Qué pasa con el ejercicio monopólico de las fuerzas que tiene el Estado? Este también es un punto que debemos revisar. No cabe duda de que en la Argentina la herencia del Estado Terrorista en la formación y práctica del control social tiene todavía nichos importantes que la democracia no termina de desmantelar. Nuestras policías, tanto la federal como las provinciales, han sido formadas dentro de un paradigma liberal pero básicamente dentro de un paradigma autoritario. Y la matriz social de la Argentina, de la cuál nos debemos hacer cargo, ha convalidado y concensuado ciertas conductas y prácticas y esto no es casual. En Argentina, antes que las leyes de protección a los trabajadores, estuvieron las leyes represivas como la Ley de Residencia. Nuestros jóvenes primero fueron soldados y luego ciudadanos. Primero fue la Ley Ricchieri del Servicio Militar Obligatorio en 1902 y después recién, en 1916, fueron ciudadanos con ejercicio del sufragio. Esto nos debe llevar a pensar en desarmar una creencia, una construcción cultural, como decía Inés, y reflexionar sobre la matriz autoritaria en que nosotros nos ubicamos. Esto, sumado a la larga historia de una democracia tan débil como lo es la de la Argentina, también ha marcado una fuerte anomia del Estado para hacer de sus instituciones, tanto de seguridad como las vinculadas a la Justicia, instituciones creíbles y sólidas. La Corte Suprema de Justicia de la Argentina legitimó el Golpe de Estado de 1930 y posteriormente declaró que los decretos de los regímenes militares tenían valor de ley incluso después de que los militares se hubieran ido del poder. Obviamente la Corte Suprema d 1976 dijo que el régimen militar tenía autoridad para corregir o suspender la Constitución Nacional. En 1984 esto se cambió en cuanto a que las leyes pueden ser leyes si las convalida un régimen constitucional. La Corte de Menem de 1990 volvió para atrás todo esto e instaló que los decretos de los regímenes militares valían tanto como las leyes dictadas por el Congreso. Esto también forma parte de nuestra constitución societaria, cultural y nacional. Por eso es importante analizar como se construye esta relación, que pasa con la seguridad, como nosotros percibimos y develamos estas cuestiones, porque no se trata sólo de repetir miradas dicotómicas. Las policías son herederas en parte de una formación profesional pero hay también una sociedad que ha convalidado este discurso. No nos tiene que llamar la atención de que la sociedad se divida y se parta en la apreciación de este tema, lo que nos tiene que llamar la atención es cómo nosotros desarmamos y construimos un discurso y una reflexión distinta a la narrativa que nos ha explicado a nosotros mismos esta situación. La justicia penal en la Argentina tiene las mismas características. Les decía que si las Cortes Supremas en su momento convalidaron las aberraciones de los regímenes militares, en la actualidad también hay serios problemas en la justicia penal. Claro que no son todas las policías ni son todos los Juzgaos, claro que no. Pero si sabemos, y esto los estudios del CELS (5) lo demuestran claramente y es que la justicia penal tiene un sistema de justicia que en su desborde institucional termina siendo un sistema de justicia que es arbitrario en la aplicación del derecho de defensa. Los que tienen dinero pueden pagar un abogado, los que no tienen van a un defensor oficial, saturado de casos, que no lo puede defender correctamente. También son claras, dentro de la justicia penal, las prácticas de cambiar carátulas para evitar la pena mayor si es que existe un delito que compromete a la institución policial, y tampoco son nuevas. En Neuquén, antes de ayer, fueron condenados 4 policías por la situación de Alvear, un obrero de Zanón que perdió un ojo en una de las movilizaciones. La causa en su origen fue que a Alvear claramente lo emboscan y le disparan a muy corta distancia con balas de goma, luego lo maltratan en la comisaría, etc, etc. La justicia caratuló la causa: “Riña callejera”. Estos son también problemas y prácticas que nosotros debemos revisar.” Tres ejes de reflexión “Para ir terminando y para formular ideas para los talleres de mañana, yo plantearía tres preocupaciones: La primera tiene que ver con esto de cómo mirar, como evaluar esta idea de la criminología mediática y de cómo construye discurso, cuales son los sujetos, los mecanismos y las prácticas que identifica y que jerarquías de temas establece. Esto nos va a ayudar a nosotros a pensar nuestra sociedad. La segunda tiene que ver con que revisemos en la historia esta matriz de sociedad autoritaria que nos constituye, y esto en relación, no sólo a nuestras fuerzas de seguridad, sino también a nosotros mismos como sujetos frente a ella y frente a la posibilidad de devolverle también otro tipo de formación a nuestras policías. Y la tercera preocupación tiene que ver en realidad con un ejercicio para adentro de la Justicia, pero también con nosotros mismos, y es la de ver como plantear en el tema de la Justicia y de cómo se construye esta relación ente la Justicia y la Sociedad Civil. Pareciera que la única relación que tenemos nosotros como ciudadanos es la de demanda frente a la justicia, pero yo creo que hoy, para nosotros, es importante revisar prácticas y sobre todo, y lo venimos planteando desde los temas de Memoria, Verdad y Justicia en relación a nuestro pasado reciente, es lograr que no se vuelvan a crear las condiciones para que sea posible otra ESMA. (6) Creo que éste es un imperativo que se nos impone como sociedad. Debemos evitar no sólo que se repita, sino también evitar las causas y desactivar las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales que hicieron posible que exista. En el caso de Bariloche y volviendo a Zaffaroni y esta cuestión de las criminologías y la realidad de los muertos, creo que nosotros debemos trabajar para que en las provincias de Río Negro, Neuquén, y en Argentina en general, no se vuelvan a crear las condiciones para que esto vuelva a suceder. Y cuando me refiero a las condiciones no digo sólo en cuanto a lograr una sociedad mas justa y más equitativa en donde ayudemos a los actores sociales a salir de las condiciones de pobreza, marginalidad y exclusión, sino también a trabajar fuerte en como desarmamos discursos y narrativas que convalidan las prácticas autoritarias y los ejercicios desmedidos por parte de las Fuerzas del Estado y por parte de la Justicia y también por parte de una sociedad que en su discurso las termina convalidando. No hay salida posible sin revisión de aquí para atrás, pero tampoco sin Justicia y con impunidad. Creo que éste es el imperativo que nos queda.”
Notas (1) Maria Beatriz Gentile. Profesora de la Universidad Nacional del Comahue. Doctora en Historia y especialista en Historia de América Latina y Pensamiento Latinoamericano. Miembro del Grupo de Estudios de Historia Social Argentina. Hizo sus estudios de grado y postgrado en la Universidad Nacional de La Plata y actualmente es docente e investigadora en la Universidad del Comahue. Participó como investigadora en varios proyectos financiados por el Estado Nacional y el CONICET vinculados a Historia Social Económica Regional. Autora de artículos especializados en estas temáticas, y colaboradora en varias compilaciones, destacándose: “Historia de sangre, locura y amor”, “Historia secreta del delito y la ley”, “Neuquén, cuarenta años de vida institucional”. En el ámbito extra académico de se desempeña como delegada de la Secretaría Nacional de Derechos Humanos de la Provincia del Neuquén. Fue Convencional Constituyente en el año 2006 de la reforma de la Constitución Provincial y actualmente se desempeña como Vicedecana de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Comahue. (2) Zygmunt Bauman.. (*Poznań, Polonia, 1925) Sociólogo polaco. Fue profesor de filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia antes de verse obligado a irse de Polonia en 1968 a causa de la política antisemita desarrollada por el gobierno comunista después de los sucesos de marzo de 1968. Posteriormente a su purga de la universidad de Varsovia, ha enseñado sociología en países como Israel, Estados Unidos y Canadá. Desde 1971 reside en Inglaterra. Es profesor en la Universidad de Leeds de ese país. Y, desde 1990, es profesor emérito. Su obra comienza en los años 50 y se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones tales como las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. En su libro Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias, Bauman nos habla sobre la producción de 'residuos humanos' —más concretamente, de las poblaciones 'superfluas' de emigrantes, refugiados y demás parias— como una consecuencia inevitable de la modernización. (3) Eugenio Raúl Zaffaroni. (n. Buenos Aires, 7 de enero de 1940) es un abogado argentino, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad del Litoral (1964), y ministro de la Corte Suprema de Justicia de Argentina desde 2003. En el año 2009, el jurado mundial independiente lo galardonó con el Premio Estocolmo en Criminología junto con Catedrático de la Universidad del Noroeste del estado de Illinois (Estados Unidos), John Hagan. El Dr. Eugenio R. Zaffaroni ha sido distinguido por ser pionero en la explicación del genocidio cometido por el último gobierno de facto de Argentina sobre la base de la teoría criminológica. Asimismo, ha desarrollado aquella teoría como base para la evaluación de propuestas conducentes a la prevención de los asesinatos en masa por parte del Estado. (4) Cesare Lambroso. (Verona; 6 de noviembre de 1835 - Turín; 19 de octubre de 1909). Médico y criminólogo italiano, representante del positivismo criminológico, llamado en su tiempo la nueva escuela (Nuova Scuola), teoría sostenida también por Enrico Ferri y Rafaele Garofalo. Un aspecto particularmente difundido de la obra de Lombroso es la concepción del delito como resultado de tendencias innatas, de orden genético, observables en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes habituales (asimetrías craneales, determinadas formas de mandíbula, orejas, arcos superciliares, etc.). Por ejemplo, refiriéndose a lo que él llama la "terapia del delito", dice: "En realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos" (Lombroso, Cesare. "Le più recenti scoperte ed applicazioni della psichiatria ed antropologia criminale", Ed. Fratelli Bocca, Torino 1893, Cap. XIV, pág. 314). (5) CELS. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) es una organización no gubernamental, fundada en 1979, para la promoción y protección de los Derechos Humanos y el fortalecimiento del sistema democrático y el Estado de Derecho en Argentina, que desarrolla sus actividades especialmente desde el punto de vista técnico-legal. www.cels.org.ar (6) ESMA. Escuela de Mecánica de la Armada. Cobró penosa fama por funcionar, durante la dictadura (1976-1983) autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, como centro clandestino de detención. Fue el más grande y activo de los centros, ocupando el casino de oficiales, por donde pasaron más de 5.000 detenidos desaparecidos. Clausurado tras el retorno a la democracia, en 2004 se propuso convertirlo en un museo para recordar la represión, documentando el terrorismo de Estado, y un Archivo Nacional de la Memoria. La Ley Nº 1412 sancionada el 5 de agosto de ese año por la Legislatura porteña la destinó a conformar el "Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos". |











