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| Resquicios en la memoria |
| Viernes 27 de Enero de 2012 19:46 - 5133 Lecturas. |
El 27 de enero fue designado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Como es habitual, las Crónicas de Hans Schulz le dan su espacio. Resquicios en la memoria colectiva
27 de enero 2012 Hans Schulz ![]() 27 de enero 1945, liberación de Auschwitz I Olvidos y recordaciones Se acerca el 27 de enero, el día del año que fue designado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. (1) Es un día en que se insta a los Estados miembros - que rechazan toda negación parcial o total del Holocausto como hecho histórico - a elaborar programas educativos que instruyan en la prevención de actos de genocidio en el futuro. Ahora hay renovados indicios, pequeñas señales, signos, que en nuestro tiempo delatan nuevamente el inevitable paso de los años y un inminente recambio generacional. Se diluye la empatía con las victimas y la noción del horror real. La aparición de una historieta del caricaturista Gustavo Sala banalizando el Holocausto en el diario Página 12 - de tirada nacional - el día 19 de enero es sin ninguna duda una peligrosa señal como también lo son los insuficientes pedidos de disculpas del diario y el autor de la sombría humorada. Además el hecho es sintomático porque se trata de un diario conocido por su compromiso con los temas relacionados con la memoria de las victimas de genocidios y dictaduras. Que además se publicara un día antes de conmemorarse la fecha de la infausta conferencia de Wansee – Berlín - del año 1942, en que quince fríos burócratas del régimen genocida decidieron continuar en forma industrial con “la solución final al problema judío”, convierte al incidente en un por demás curioso ejemplo de irresponsabilidad mediática. Si bien el diario ante el repudio de diversas organizaciones condenó la tira, la sacó de circulación y pidió disculpas, el mal ya estaba hecho. Además, como siempre sucede en estos casos, la lectura de lo acontecido no se agota en lo ocurrido sino en lo que subyace a todas sus complejas implicancias. No basta con asignarle la causa simple de una extrema inhumanidad. Por otro lado y a título de ejemplo para ilustrar nuestro argumento, en Alemania, hace sólo unos días un debate sobre la figura del general alemán Johannes Erwin Eugen Rommel – “el zorro del desierto” - puso al descubierto no sólo los peligros que el desconocimiento histórico provoca en la opinión pública sino también los peligros de las superficialidades en que este debate transcurre. Al publicar el ejercito alemán en su revista institucional “if” (“Revista para la conducción interior”), dependiente del Ministerio de Defensa, una apología del mencionado general comentando que todo análisis de acontecimientos del pasado debe tomar en consideración el contexto histórico en que estos acontecimientos ocurren, encendió un debate público sobre los alcances que el conjunto de ideas y practicas nacionalsocialistas tuvo sobre la sociedad alemana de aquella época y por ende sobre su ejército. (2) Demás está decir que el argumento del contexto histórico es él que fue utilizado por los detractores para rebatir la tesis que exponía la revista ya que es imposible desasociar al general en cuestión del régimen genocida por el cual peleaba. El general no sólo peleaba por la causa equivocada sino que peleaba por los dudosos ideales de una presente y futura sociedad de terror. Detrás de sus legendarias victorias iniciales en los campos de batalla del norte de África llegaba la horda de tropas políticas “especiales” para deportar y asesinar enemigos políticos y judíos. Sólo basta con imaginarse un mundo forjado al calor de los burócratas del régimen luego de la victoria de sus ejércitos. (3) En Alemania el debate es de larga data y la tensión dialéctica entre olvido y memoria una constante de los tiempos posteriores a la II Guerra y al genocidio planificado de las comunidades judías que el régimen nacionalsocialista ideó y llevó a cabo en las sombras de esa guerra. Ambos casos - él del diario argentino y él del debate sobre el general - son claros ejemplos de cómo la erosión del tiempo, la aparición de constantes nuevos intereses, la desvaneciente empatía con el otro y el empobrecimiento general de las percepciones influyen en la forma en que la sociedad mira a su pasado. Esto indica también que para los descendientes de las victimas y las de los victimarios – entre los cuales me incluyo - la práctica de la memoria responsable es un cometido cada vez más arduo. II
Conversaciones entre camaradas En cuanto a la II Guerra Mundial los documentos de todo tipo que siguen apareciendo a lo largo del mundo se constituyen en valiosas fuentes para nuevas generaciones de científicos sociales que con ellos reconstruyen el pasado. Para no aburrir a los lectores con una larga disquisición sobre la forma en que se fue construyendo discursivamente el mito del “ejercito alemán sin mácula” (“Der Mythus del sauberen Wehrmacht”) y la forma en que en las últimas décadas se de-construyó sistemáticamente voy a referirme a un libro de reciente aparición que ilustra con claridad los argumentos que sostienen este breve ensayo. 18 millones de hombres sirvieron como soldados alemanes durante la II Guerra Mundial, un 40% de su población masculina. Hasta la década del 90 se mantuvo “la leyenda del ejército sin mácula”, es decir sin culpa ni responsabilidad con las crueldades del régimen y el genocidio judío, algo que en la actualidad y con la información que se cuenta es imposible de sostener. El debate no se dio solamente en el ámbito de lo cotidiano sino también en el conceptual académico. Todavía hoy revistas militaristas de los EEUU y de otros países hablan de la “Guerra Relámpago” (“Blitzkrieg”) cuando se refieren a la invasión a Polonia en el fatídico año 1939. En el mundo de habla alemana sin embargo se habla de “Guerra de exterminio” (“Vernichtungskrieg”). El primero remite a un concepto de puro corte militar que hasta delata una cierta admiración por la maquinaria de guerra de los generales de Hitler, el segundo tiene otras implicancias que remiten a conquista, esclavitud, genocidio y muerte. Ésta es la forma en que las palabras condicionan las representaciones que tenemos de las cosas que no vimos. Hay que tener cuidado con las palabras. Una vez finalizada la II Guerra Mundial la pregunta que se hicieron los historiadores alemanes fue: ¿Cuán nacionalsocialista era el ejército alemán? La inquietud que subyacía a aquella pregunta era: ¿cuán imbricado estaba el ejército en los crímenes del Holocausto? Ante la contundente evidencia documental existente para los que leemos e investigamos sobre estos temas ya no quedan dudas. El umbral para el beneficio de la duda es ínfimo. Sólo basta con citar este escueto ejemplo entre muchos otros: El 30 de marzo del año 1941 Hitler mantuvo una reunión con todo su Estado Mayor. El General Halder anotó en su diario: “Guerra de exterminio. Escenario político futuro: Rusia del norte pertenece a Finlandia. Los estados del Báltico, Ucrania, Rusia: nuevos protectorados. En el resto de los territorios alcanza con una inteligencia socialista primitiva” ¿Podía la oficialidad del ejército alemán imbuida de la filosofía del destino manifiesto prusiano no tener conocimiento de lo que estaba ocurriendo? A medida que pasan los años las evidencias se siguen acumulando porque la historia, al contrario de lo que piensan algunos, no transcurre en compartimentos estancos que terminan y empiezan de nuevo sin guardar relación entre si. En el tiempo de los hombres todo está prolijamente entrelazado. Y fue así que en el año 2001 el historiador Sönke Neitzel y el psicoanalista y sociólogo social Harald Welzer investigando en los Archivos Nacionales de Inglaterra encontraron casualmente miles de transcripciones de conversaciones privadas e informales que mantuvieron soldados y oficiales alemanes durante su cautiverio en Inglaterra y EEUU. ¡La totalidad de las transcripciones llenaban 150.000 páginas! De la exhaustiva investigación y puesta en contexto del material nació el libro: “Soldados. Protocolos sobre luchar, matar y morir” publicado en el año 2011 por la editorial Fischer en Alemania. ("Soldaten - Protokolle vom Kämpfen, Töten und Sterben"). (4) Pude acceder a algunos capítulos del libro y a algunas de las conversaciones que se transcriben en forma textual. Como bien comentan los autores en varias entrevistas concedidas a revistas especializadas su lectura produce en el que las lee una abierta sensación de horror o como dice la periodista Julia Encke en “Documentos del horror” (F.A.Z./“Dokumente des Grauens”): “una introspección sin igual en las almas de los soldados”. Son las conversaciones de aquellos que se han acostumbrado a la rutina de la violencia y a la alegría de matar. Entre ellas abundan las comparaciones triviales entre cuantos civiles se han matado o cuantas mujeres se han violado. (5) Lo que en realidad sucedió aquí y con una cierta dilación historiográfica es el descubrimiento de una nueva y valiosa fuente documental. Lo que los aliados en busca de información estratégica para acelerar la victoria habían despreciado cobra ahora una nueva relevancia. Las memorias de los soldados y sus cartas al hogar tienen un valor limitado. Acá se está ante sinceras conversaciones entre camaradas. Los dictados del régimen hechos carne en los últimos eslabones del sistema. Como dicen los autores en una entrevista: “Nadie escribe a su madre una carta sobre la cantidad de civiles que asesinó su regimiento o de cuantas mujeres que violaron en el frente”. Hace años ya que las incontables y detalladas actas de los ejércitos alemanes, analizadas una y otra vez por historiadores, sociólogos, antropólogos y periodistas, sellaron la suerte del debate. La ciega fe en la victoria que tenían los generales las convirtió para ellos en un arma de doble filo. Detalladas, impecables, burocráticamente perfectas fueron utilizadas luego contras sus propios dueños. Sin embargo la documentación de este nuevo libro aporta otro enfoque ya que se trata de una incursión inesperada en la mentalidad de los miembros del ejército – desde los soldados rasos hasta la oficialidad - y una introspección sobre los laxos parámetros éticos en que se desarrolló la actividad de los soldados a lo largo de la guerra en todos los frentes. Una de las grandes contribuciones de las transcripciones al debate general es que también proveen evidencia de que la mayoría de los soldados, oficiales y suboficiales tenían claro conocimiento del genocidio que se estaba llevando a cabo y de las matanzas de judíos, prisioneros de guerra y minorías varias que se sucedían a diario a medida que transcurría la guerra. Los autores sin embargo hablan de que no se debe sobrevalorar la ideología cuando se analizan e interpretan las acciones sobre las cuales hablan los soldados. Según ellos, la ideología no explica porque ellos matan o incurren en crímenes de guerra. A veces, dicen, son sólo “oportunidades de ejecutar acciones inhumanas sabiendo que no tienen castigo (“Chancen der unbestraften Unmenschlichkeit”). (6) Las evidencias de las vinculaciones entre el accionar del ejercito y las tropas especiales que se dedicaban a las matanzas indiscriminadas ya existían pero la documentación del libro revela la extensión de las mismas y asesta un golpe mortal a la “leyenda del ejercito limpio”. Esto también abarca al general Erwin Rommel e incluso a los conjurados del 20 de julio. Sólo debemos jugar con la idea de que es lo que hubieran hecho si las tropas de Alemania hubiesen ido ganando la guerra. Las defecciones y los atentados por parte de miembros de los altos mandos del ejército alemán comenzaron cuando la guerra se dio por perdida. En el impulso inicial de los primeros años todos participaron del sueño de su Líder: la conquista del mundo y el consecuente exterminio de los judíos. III
Olvido, banalización y manipulación Sobre la memoria, el olvido y la adulteración de la historia y las documentaciones también podemos hablar en la Argentina después de lo sucedido en la década del 70 y parte de la del 80. Todos los meses se abren nuevamente las heridas del horror y la ciudadanía continúa con el debate. Ante la irrupción de lo inevitable algunos ansían beber de las tranquilizadoras aguas del olvido, otros quieren recordar por siempre para que el espanto no se repita. Esa es la tensión histórica que heredamos y en la que todavía estamos inmersos. El historiador alemán Hermann Heimpel describió ese estado con precisión a fines de la década del 50 del siglo pasado cuando dijo que “la lucha por nuestro pasado no yace detrás nuestro sino delante de nosotros” (“Der Kampf um unsere Vergangenheit liegt nicht hinter uns, sondern vor uns”) (7) En las cuestiones de los hombres no existe el olvido por decreto ya que como dijéramos anteriormente todo está prolijamente entrelazado. Y tal vez podamos remitir aquí a los lectores a un largometraje alemán del año 2007 que lleva el apropiado nombre de: “Llegaron los turistas” (“Am Ende kommen Touristen”) y a una nota escrita por Ariel Benasayag en diciembre del año pasado en el diario digital Nueva Sion titulada “Usos turísticos de los campos (de exterminio), usos comerciales de los sobrevivientes” y que me fuera gentilmente compartida por un amigo hace sólo unos días. (8) La película que describe las idas y venidas de un joven alemán enviado al Auschwitz actual para cumplir con su servicio militar/servicio civil es un valioso recordatorio de la necesidad de las prácticas de la memoria en un mundo en que nuevos intereses y nuevas necesidades conspiran en su contra. Igualmente interesante son los comentarios vivenciales del autor del ensayo con respecto a su propia visita a los campos de concentración europeos y las reflexiones que suscitó: “El hecho es que luego del recorrido -guiado esta vez-, comencé a sentir los campos de otro modo: visitar un campo de concentración parecía haberse convertido en una actividad obligada de cualquier viaje por Europa; el campo mismo, restaurado y acondicionado para la comodidad del turista, en un parque de atracciones sobre la muerte y la memoria (una memoria) de la muerte. (…) La segunda vez que estuve en un campo tampoco tomé fotografías, pero por motivos distintos: no quería contribuir a la espectacularización turística de la memoria. Quizá no se puede ver, tocar, oler ni estar en el campo, menos aún comprender ahí el horror de la Shoah. Quizá tampoco se puede enfrentar la deshumanización en Dachau, ahora que visitar un campo es turísticamente obligatorio; al final de la tarde, aquellos estudiantes de secundaria almorzarán sus viandas sentados a la sombra de una barraca o esperarán el colectivo arrojándose piedritas en la explanada donde los SS hacían la selección.” Al final de su ensayo Ariel Benasayag se pregunta: “¿qué hacer con los campos, qué decir a los sobrevivientes, cuando el horror de la Shoah, de una forma u otra, parece haberse naturalizado hasta resultar invisible?” No es difícil vincular esta inquietud con el caso del diario y él del general que desarrollamos al comienzo de esta nota. No sólo comienza a invisibilizarse el horror y el espanto junto a las tragedias familiares reales de tantos seres humanos sino que junto al trato mediático deshonroso y poco empático con las victimas y sus descendientes también se inicia el camino de la revisión histórica irresponsable por parte de aquellos que no comulgan con los preceptos básicos de las ciencias sociales politizando lo que es imposible de politizar: el genocidio y los principios elementales del humanismo, cimiento de toda civilización. El controvertido humor de Sala en el diario Página 12 y la reivindicación del general alemán en la página WEB de la Bundeswehr (Nuevo ejército alemán) son sólo pequeños atisbos que alertan sobre el peligro del olvido, la inminencia de la indiferencia y la manipulación de fuentes históricas veraces e indiscutibles y su análisis con intenciones políticas fuera de su contexto histórico. Cuando el ser humano - hombres, mujeres y niños/as - junto a sus derechos esenciales deja de ser el centro de nuestras preocupaciones comienzan los resquicios en la memoria colectiva. El 27 de enero es un buen momento para reflexionar sobre todos estos asuntos. Notas: (1) La fecha se fundamenta en que el 27 de enero de 1945 el Ejército Rojo soviético liberó el campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau en la actual Polonia. “Rechazando toda negación, ya sea parcial o total, del Holocausto como hecho histórico, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 Condenando sin reservas todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia contra personas o comunidades basadas en el origen étnico o las creencias religiosas, dondequiera que tengan lugar. Decide que las Naciones Unidas designen el 27 de enero -- aniversario de la liberación de los campos de exterminio nazis -- Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto, e insta a los Estados Miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro, y pide al Secretario General que establezca un programa de divulgación titulado «El Holocausto y las Naciones Unidas» y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro de la recordación del Holocausto y la educación al respecto, con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro.” http://www.un.org/es/holocaustremembrance/index.shtml (2) http://www.if-zeitschrift.de/portal/a/ifz (3) http://www.welt.de/kultur/article2905248/Erwin-Rommel-Held-der-sauberen-Wehrmacht.html (4) http://www.dw-world.de/dw/article/0,,15020722,00.html (5) http://www.faz.net/aktuell/feuilleton/buecher/rezensionen/belletristik/deutsche-wehrmacht-dokumente-des-grauens-1624753.html (6) “El suboficial Richard Heidenreich que pertenecía al regimiento de infanteria 354 escribía en el año 1941 en su diario: “(5 de octubre) A la noche el teniente seleccionó a quince personas con nervios a prueba de balas. Esperamos ansiosos el amanecer. El teniente primero nos explicó que había unos 1000 judíos en el pueblo de Krupa y había que ejecutarlos a todos. Después de buscarlos los íbamos asesinando de a diez para arrojarlos a unos pantanos cercanos. Los chicos se abrazaban a sus madres y las mujeres a sus maridos. Unos días más tarde repetimos la acción en Kholoponichi. También participé en ella.” http://www.spiegel.de/spiegel/print/d-8674600.html (7) En: Reichel, Peter ,”Vergangenheitsbewältigung in Deutschland”, BpB, Bonn, 2003 (8) http://www.nuevasion.com.ar/articulo.php?id=5575 |



El 27 de enero fue designado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Como es habitual, las Crónicas de Hans Schulz le dan su espacio.